Qué falta, qué sobra y qué se puede mejorar

“We can’t solve problems by using the same kind of thinking we used when we created them.”

Se suele atribuir esta frase a Albert Einstein. Es probable que la haya dicho alguna vez. Sea quien sea su dueño, espero que me disculpe, ya que voy a apropiarme de ella cuando escuche ese tipo de generalizaciones que simplifican una realidad al parecer demasiado compleja, y se emplean para criticar a toda una generación. Al que diga con todo el descaro que hoy los jóvenes lo tenemos todo hecho, que somos conformistas, que desaprovechamos las oportunidades, que bebemos más que antes, que somos maleducados, y, sobre todo, cuando alguien intente comparar su yo del pasado conmigo, obviando estratégicamente el contexto, me acordaré de Einstein.

Le diré que todos heredamos lo que la generación precedente fue capaz de construir, y somos, en parte, lo que esa misma generación fue capaz de enseñarnos a ser. Precisamente de ahí viene nuestro problema. A nosotros, padres y madres, nos enseñasteis la valía del esfuerzo, el poder del trabajo y la importancia del sacrificio. Las tres cosas fueron las que os ayudaron a tener una estabilidad laboral y económica de la que nosotros nos aprovechamos. Nos dijisteis que estudiar era muy importante, que la educación nos abriría puertas, como os las abrió a vosotros. Para vosotros, la ecuación era sencilla: A mayor trabajo personal, mayor probabilidad de conseguir un puesto laboral. No niego que no tuvieseis otros problemas, y muy graves, ni niego que conseguir el trabajo deseado fuese una carrera de obstáculos. Pero lo era de un modo distinto al que es ahora, no intentéis mirarlo desde vuestra perspectiva, porque ya no sirve. Nos habéis dejado un mundo con problemas nuevos, mientras nos habéis enseñado cosas que se han quedado poco a poco obsoletas. La cultura del esfuerzo y sacrificio que tanto os ayudó a vosotros es importante, pero en un mundo donde todos tenemos acceso a una educación universitaria (casi) por igual, y donde se demuestra día tras día que el listo supera al inteligente, no son valores en alza. El trabajo es crucial, pero tiene que ir acompañado de un pragmatismo que nadie ha sido capaz de inculcarnos. Nos decís que no somos emprendedores, que nos conformamos, pero nos impedís tomar las riendas no sólo de nuestra vida, sino del mundo en general: contadas son las excepeciones en que vemos a un joven en un alto cargo de cualquier clase, ya que se valora la “experiencia” (esa que se consigue con los años) en los cargos importantes por encima de muchos otras virtudes. Esto nos impide enfocar el trabajo de un modo nuevo, acorde al mundo en que vivimos y que muchos de vosotros ya ni queréis comprender. Tenemos que esperar a ganarnos un respeto, lo que lleva su tiempo, y a que nos dejéis, cuando lo veis conveniente y vuestro paternalismo exagerado os lo permite, ocupar vuestro puesto. Entonces, seremos nosotros quienes ya no entendamos el mundo, y quienes sí lo entiendan, serán los que estén esperando en la cola de los “inexpertos”.

Sed justos y claros. Sed justos cuando nos queráis criticar, no intentéis generalizar porque estaréis faltando a la verdad, ni intentéis obviar el contexto, porque es lo que nos impide avanzar en muchos casos. Y sed claros cuando nos pidáis algo: no queréis hijos, nietos o sobrinos vagos ni conformistas, pero a los demasiado emprendedores los frenáis, y a los inconformistas de más los demonizáis. ¿Qué queréis?

Cho, 23/12/2010

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by Sofía | 18.Xan.2011 | Category: Sen categorizar
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