
Soy capaz de engañarme con cualquier cosa, de verdad.
Dame tu mano, y me entretendré con ella.
Regálame una sonrisa, en un día soleado
de principios de verano.
Toma un café conmigo, y malgasta
unos minutos de tu tiempo hablando
de cosas que ya están habladas,
riendo lo que ya ha perdido la gracia
y callando lo realmente importante.
Llámame un día, fingiendo que no lo habías planeado.
Finge también un poco de interés,
finge mucho cariño,
finge que quieres ayudarme.
Escucha una canción, lee un libro, ve una película.
Después, cuéntamela
como si deseases hacerlo.
Quiero volver a tener ganas de escuchar, de leer y de ver.
Te lo prometo, no tienes que esforzarte.
Nada tiene que ser sincero, ni verdad.
Me sirven las mentiras evidentes
para hacer remiendos de los remiendos
y así tapar una vez más mi realidad.
Cho, 03-02-09
Me gusta, aunque me da pena porque tú te mereces algo más que una buena hipocresía. ¿Te apuntas a publicarlo en una antología familiar conjunta? :p
Me animo, por supuesto.
En cuanto a las hipocresías, si no las distingues y te ayudan, son preferibles a una sinceridad dolorosa. Porque, como dice Joaquín Reyes: “A mí la verdad me importa una mierda, yo lo que quiero a mi lado son aduladores” (http://www.strawberryfieldsforever.org/category/humor/page/3/).
Lo de la antología familiar está bien, repito. Mi padre y primos varios pueden colaborar en ella también